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Arquitectura orgánica

Nuestra familia y nuestro entorno tiene muy presente en su vida diaria: la naturaleza, la simbiosis de lo moderno con lo sostenible y el ser humano con todas sus virtudes.

Sabemos que afortunados somos por tener agua en el grifo, que en nuestras calles no hay violencia, que tenemos calor en las casas, podemos sembrar y confiar unos en otros.

Nuestra casa tenía que reflejar nuestros pensaminetos formados por nuestro pasado, nuestro presente y la confianza que tenemos al devenir hacía que vamos. Queriamos que la casa tenga en cuenta todos los sentidos del ser humano: sentir la luz y calor con tacto, vista y olfato. Buscar la belleza del ser humano, la ármonia de polaridades en el espacio. Dar color.

La arquitectiura orgánica fue la respuesta encontrada. La sensibilidad de Eduard Melé y Albert Camps, en comprender lo que significa para nosotros coherencia de construcción con nuestra forma de ver la vida y la salud, ha dado resultado que hoy es visible.

Aislar casa con corcho y celulosa, darle al cuerpo físico de la casa un abrigo que se merece; pintar paredes y madera con pinturas ecológicas, fue un reto para nosotros y para equipo de construcción ya que, no teníamos un modelo cercano.

Viviendo en casa comprobamos que es cierto que “Toda forma, color, textura y material tiene un efecto en el ser humano y en el medio ambiente, y es por eso que la arquitectura influye directamente en la salud física y psíquica de las personas” como dijo Eduard Melé.

Que aislar, como nos recomendo Albert Camps, era lo más adecuado para dejar que penentre el calor a la casa y que nuestras acciones diarias sean acompañadas del calor que se mantiene dentro de nuestras paredes.

La casa respira. Ofrece un acogimiento que todas y todos que vienen a alojarse pueden apreciar.

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